La violencia otra vez

Los números oficiales, tanto del Estado como de la Federación, dicen que la violencia y la inseguridad en Tamaulipas se redujo en un nivel considerable en los últimos cinco años, y que incluso, el régimen estatal, lo presume como su gran logro de gobierno.
Los delitos, dicen, las estadísticas oficiales, disminuyeron. El mismo Presidente López Obrador, en una de sus últimas giras por la entidad, cuando aun había relación con la administración estatal, admitió que la seguridad mejoró sustancialmente en Tamaulipas.
Y es cierto, antes era imposible transitar por las carreteras del Estado, y los secuestros estaban en su nivel máximo. El éxodo de tamaulipecos era permanente por culpa de la violencia y las balaceras. Las cosas mejoraron, eso no se puede negar.
Pero, ¿hasta dónde, esa tranquilidad aparente es real?, ¿quién garantiza que la paz llegó para quedarse a Tamaulipas?. Algunos analistas en el tema, han escrito que la inseguridad no se ha ido del todo y que la seguridad que se percibe está sostenida con alfileres. Incluso, se atreven a vaticinar que la segunda ola de violencia está por llegar. Que lo que viene, estará peor.
Informes de inteligencia militar, y de la misma secretaría de Seguridad Federal, han filtrado información que en Tamaulipas podría estarse gestando un brote de violencia fuerte que volvería a poner a la entidad como una región violenta y insegura.
La fractura en algunas organizaciones delictivas y la llegada de otros grupos del crimen, ajenos al Estado, serían las causas que han desatado los nuevos episodios de violencia. Puede ser.
Lo que sí es cierto es que entre la población existe inquietud y temor de que esto vuelva a descomponerse.
Lo que inició en Matamoros, y que el sábado pasado terminó en balaceras cobrando la vida de inocentes, mete ruido y hace pensar y creer lo peor.
Un viejo policía que conoce la historia y la composición de los grupos fácticos de Tamaulipas, comentó, a propósito de lo ocurrido en Matamoros: «si en Matamoros estalla la violencia, en Tamaulipas estalla la violencia; así pasó en el 1987 y en el 2006 cuando los grupos delictivos se dividieron. ¡Cuidado!».
Información extraoficial, revela que Nuevo Laredo, Reynosa, Matamoros, Victoria, Mante y Altamira, podrían caer en situaciones de violencia extrema, y que los enfrentamientos que se han registrado es un ejemplo de ello.
El factor político, en medio de este problema que tiene preocupada a la población y a los mismos niveles de gobierno, no puede descartarse, pues desde algunas décadas, lo político y lo policiaco caminan de la mano.
Sea lo que sea, el fantasma de la violencia ahí está; algunos afirman que la inseguridad nunca se fue y que los actores, simplemente hicieron una tregua. El asunto es que la percepción de que esto no esta bien, se huele, y la gente ya tiene de nueva cuenta en la boca la expresión del miedo. Ojalá y sea solo eso: percepción.

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